
Descartes se queda, entonces, con la única certidumbre: a saber, la evidencia de su propia duda. Es de su duda de la única "información" de la que no puede dudar.
Uno puede decir: "Bueno, en realidad, yo creo que dudo pero en realidad no dudo: hay un genio maligno que me hace creer que dudo, cuando en verdad no dudo. Pero advirtamos que si yo "creo" que dudo, entonces, "pienso" que dudo (porque creer es una forma de pensar); entonces: yo pienso que dudo. Si no pensara que dudo (sino que el genio maligno me hace pensar que pienso que dudo), no obstante, lo cierto es que me hace pensar, y en consecuencia, PIENSO. Sea como sea, cuando pienso, pienso. Allí ya no hay forma de equivocarse; si él me hace creer que pienso, entonces pienso que pienso, y cuando pienso que pienso: PIENSO. Y puedo seguir para atrás la cadena todo lo que quiera y siempre voy a tener la certidumbre de que cuando estoy pensando que pienso, estoy pensando. Entonces allí sí se encuentra algo que supera toda duda.
Si pienso lo que seguro está ocurriendo es que "YO" pienso. Porque si yo no pudiera adjudicarme a mí mismo lo que pienso no sería un pensamiento. Yo pienso, yo estoy seguro de mi cuando pienso.
Los invito simplemente a pensar...

