martes, diciembre 12, 2006

Lean, duden, piensen, sean!!


Descartes se queda, entonces, con la única certidumbre: a saber, la evidencia de su propia duda. Es de su duda de la única "información" de la que no puede dudar.
Uno puede decir: "Bueno, en realidad, yo creo que dudo pero en realidad no dudo: hay un genio maligno que me hace creer que dudo, cuando en verdad no dudo. Pero advirtamos que si yo "creo" que dudo, entonces, "pienso" que dudo (porque creer es una forma de pensar); entonces: yo pienso que dudo. Si no pensara que dudo (sino que el genio maligno me hace pensar que pienso que dudo), no obstante, lo cierto es que me hace pensar, y en consecuencia, PIENSO. Sea como sea, cuando pienso, pienso. Allí ya no hay forma de equivocarse; si él me hace creer que pienso, entonces pienso que pienso, y cuando pienso que pienso: PIENSO. Y puedo seguir para atrás la cadena todo lo que quiera y siempre voy a tener la certidumbre de que cuando estoy pensando que pienso, estoy pensando. Entonces allí sí se encuentra algo que supera toda duda.
Si pienso lo que seguro está ocurriendo es que "YO" pienso. Porque si yo no pudiera adjudicarme a mí mismo lo que pienso no sería un pensamiento. Yo pienso, yo estoy seguro de mi cuando pienso.

Los invito simplemente a pensar...

domingo, diciembre 10, 2006

¿Y el amor dónde está?


Siempre me interrogue acerca de dónde se aloja el amor. Es un sentimiento que todos poseemos, algunos en menor y otros en mayor medida, pero siempre amamos algo o a alguien. Muchos poetas han tratado al amor como a la locura, ¿pero merece cargar con tanta responsabilidad? Es común que representemos la idea de amor con un corazón, ¿esto significa que el amor se encuentra en el corazón? Cuando nos sentimos dolidos por una relación amorosa que ha terminado, lo primero que decimos es que “nos han roto el corazón”. Sin embargo, mi pensamiento se dirige hacia otro lado: no amamos con el corazón sino con el cerebro. Las estructuras fisiológicas relacionadas con el afecto están dentro del cerebro. Es una mezcla de emoción y pensamiento. Como tal, implica amistad, afinidad de principios, respeto por los valores y los derechos humanos del otro y solidaridad. Si el amor se encontrara en el corazón, ¿cómo puede ocurrir que las personas que sufren un transplante de corazón sigan sintiendo amor por sus seres más representativos en lugar de dirigirlo a los del dador? Sabemos que el cerebro es la parte más influyente de todo nuestro cuerpo, la parte que lo maneja todo. Considero que al alojarse en el cerebro posibilita que amemos con todo nuestro cuerpo. Cuando algo nos “dice” que esa persona “no es para uno” pero aun así la amamos, esto marcaría una especie de división en nuestro propio cerebro, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo racional y lo irracional. ¿Podemos ubicar al amor del lado de lo irracional entonces? Una vez más compruebo que todo tiene su doble cara. Sigamos intentando responder interrogantes, mas allá del bien y del mal!