jueves, noviembre 01, 2007

La verdad como el único remedio frente a lo siniestro


En estos días en que tanto se habla de las consecuencias que ha dejado en nuestro país la última dictadura militar, no podía dejar de escribir sobre la identidad. El tema de la apropiación ilegal de niños, de las torturas, de las desapariciones, -la lista se haría interminable- siempre me apasionó; hace unos años pude descubrir el porqué de esa pasión. ¿Cómo podía interesarme tanto un tema que no me tocaba ni siquiera de cerca? Pero un día escuchándome hablar sobre ello supe algo que ya sabía una parte de mi pero que otra parte no quería saber, allí comprendí -mas allá de las teorías- la importancia de las palabras que pronunciamos. Exceden este trabajo los motivos personales que despertaron mi interés en el tema, pero no quise dejar de destacar la importancia otorgada a la cuestión; importancia desde la vivencia propia.
Como ya sabemos la apropiación es un delito a diferencia de la adopción que es legal. Para el derecho la palabra "restitución" significa "volver un objeto a su lugar y reparar los daños ocasionados". ¿Pero podemos decir, en el caso de los nietos que han sido restituidos, que con el solo hecho de "volver a su lugar" se reparan los daños? Y digo volver a su lugar destacando las comillas porque en el caso de la apropiación ilegal de niños, no hay una vuelta atrás; una falta se puede cubrir pero no se puede vivir el tiempo que se ha perdido. Cuando hablo de una falta, de un vacío me refiero a la recuperación de la identidad. Y que mejor que las palabras de Juan, el último nieto recuperado, para describir lo que él mismo sentía: "Nunca tuve nada, siempre me faltaba algo". ¡Y sí, le faltaba su propia identidad y con ello le faltaba todo!
Juan, quien hace unos años era llamado por otro nombre, relata en un discurso que brinda frente a miles de personas en la puerta de la ESMA -lugar donde hace poco tiempo se enteró que nació- que desde siempre tuvo el deseo de llamarse Juan y que incluso un día antes de saber quien era él le comento a su novia que si tenían un hijo quería que se llamase Juan. El busca una explicación para ello y se le crea un dilema entre qué es lo innato y qué lo adquirido. Juan responde a su interrogante afirmando que su deseo de ser Juan estaba en su sangre. Permítanme contradecirlo. No esta en la sangre, ni tampoco es magia, simplemente -¿o debería decir trabajosamente?- es la fuerza de la psiquis humana. Aún desde antes de nacer nuestros padres nos otorgan un lugar, que puede ser el de un niño deseado, querido o tal vez de un niño no deseado, así como también un nombre, y hasta una suma de deseos propios. Todo ello junto a los primeros contactos con el bebé se inscriben en la psiquis constituyendo lo que se da en llamar huellas mnémicas. Cuando Juan nació la madre pasó unos quince días a su lado y les presento al resto de las detenidas a su anhelado bebé pronunciando el nombre de Juan. Ese nombre no estaba en la sangre; como dice León -Gieco- todo está guardado en la memoria. Y le agrego: incluso aquello que permanece como un saber no sabido.
¡Que difícil es buscar sin saber que se busca! Pero la verdad es la única libertad absoluta. Y ahora Juan, junto a otros hijos de desaparecidos que se han podido reunir con su identidad, pueden decir de una vez por todas que son libres.

La imagen se llama "Identidad III" y es de Emilio Utrilla.

viernes, octubre 26, 2007

Mi encuentro con lo real


Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que me puse a escribir. Por una razón que desconozco hoy tomé mi cuaderno y una lapicera y éstas palabras comenzaron a fluir. Sin saber muy bien sobre que tema escribir, uno se fue apoderando de mis pensamientos. No por casualidad fue la angustia el que elegí, o tal vez debería decir el que ha logrado dominarme.
¿Qué decir de ella? ¡Hay tanto por explicar! Es aquello que se nos impone y de lo cual muchas veces sentimos que ni siquiera sabemos cual es su causa, su origen. Otras veces logramos distinguir su génesis pero aún así no podemos dominarla y nos encontramos peleando la batalla para salir sanos y salvos de esta lucha interior. La angustia es el único afecto que no engaña, es ese encuentro con lo real.
Hoy estoy sufriendo mi encuentro con lo real. Después de mucho tiempo siento una fuerte angustia, mezclada con un poco de miedo a los cambios, un resto de tristeza sumada a una pizca de desconcierto, y por que no también una buena cantidad de temor. La causa, o en este caso las causas, las dejaré como incógnitas, al menos en este escrito.
Mi queridísimo Lacan sostiene que la angustia es producto de la falta de la falta. Apoyándose en la idea de que deseamos desde una falta, deseamos porque existe algo que falta que nos permite desear aquello que no esta; afirma que la angustia aparece cuando no hay falta, es decir frente a la falta de la falta, mas explícitamente cuando no hay posibilidad de desear. El deseo es el motor, el empuje y sin falta no hay deseo.
Peleándole a la angustia, una vez mas me pongo a desear, afrontando todo el sufrimiento que ello conlleva...

martes, diciembre 12, 2006

Lean, duden, piensen, sean!!


Descartes se queda, entonces, con la única certidumbre: a saber, la evidencia de su propia duda. Es de su duda de la única "información" de la que no puede dudar.
Uno puede decir: "Bueno, en realidad, yo creo que dudo pero en realidad no dudo: hay un genio maligno que me hace creer que dudo, cuando en verdad no dudo. Pero advirtamos que si yo "creo" que dudo, entonces, "pienso" que dudo (porque creer es una forma de pensar); entonces: yo pienso que dudo. Si no pensara que dudo (sino que el genio maligno me hace pensar que pienso que dudo), no obstante, lo cierto es que me hace pensar, y en consecuencia, PIENSO. Sea como sea, cuando pienso, pienso. Allí ya no hay forma de equivocarse; si él me hace creer que pienso, entonces pienso que pienso, y cuando pienso que pienso: PIENSO. Y puedo seguir para atrás la cadena todo lo que quiera y siempre voy a tener la certidumbre de que cuando estoy pensando que pienso, estoy pensando. Entonces allí sí se encuentra algo que supera toda duda.
Si pienso lo que seguro está ocurriendo es que "YO" pienso. Porque si yo no pudiera adjudicarme a mí mismo lo que pienso no sería un pensamiento. Yo pienso, yo estoy seguro de mi cuando pienso.

Los invito simplemente a pensar...

domingo, diciembre 10, 2006

¿Y el amor dónde está?


Siempre me interrogue acerca de dónde se aloja el amor. Es un sentimiento que todos poseemos, algunos en menor y otros en mayor medida, pero siempre amamos algo o a alguien. Muchos poetas han tratado al amor como a la locura, ¿pero merece cargar con tanta responsabilidad? Es común que representemos la idea de amor con un corazón, ¿esto significa que el amor se encuentra en el corazón? Cuando nos sentimos dolidos por una relación amorosa que ha terminado, lo primero que decimos es que “nos han roto el corazón”. Sin embargo, mi pensamiento se dirige hacia otro lado: no amamos con el corazón sino con el cerebro. Las estructuras fisiológicas relacionadas con el afecto están dentro del cerebro. Es una mezcla de emoción y pensamiento. Como tal, implica amistad, afinidad de principios, respeto por los valores y los derechos humanos del otro y solidaridad. Si el amor se encontrara en el corazón, ¿cómo puede ocurrir que las personas que sufren un transplante de corazón sigan sintiendo amor por sus seres más representativos en lugar de dirigirlo a los del dador? Sabemos que el cerebro es la parte más influyente de todo nuestro cuerpo, la parte que lo maneja todo. Considero que al alojarse en el cerebro posibilita que amemos con todo nuestro cuerpo. Cuando algo nos “dice” que esa persona “no es para uno” pero aun así la amamos, esto marcaría una especie de división en nuestro propio cerebro, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo racional y lo irracional. ¿Podemos ubicar al amor del lado de lo irracional entonces? Una vez más compruebo que todo tiene su doble cara. Sigamos intentando responder interrogantes, mas allá del bien y del mal!

miércoles, noviembre 29, 2006

Cuando esos acordes te arropan el alma


¿Cómo se puede extrañar tanto? Así empiezo el relato del día de hoy. Debo confesar que lo estoy escribiendo en este preciso momento y sin intentar profundizar demasiado les voy a contar a qué se debe este escrito.
¿Alguna vez se enamoraron tanto de la música de alguien que sintieron que con solo escuchar esas melodías los problemas se alejaban? ¿O que cuando un problema los envolvía, inmediatamente, como por obra del destino tal vez, esos temas sonaban en algún lado como dándoles una señal, como diciéndoles que todo se calmara aún mas pronto de lo que imaginaban? Tengo el agrado de haberlo sentido y por suerte de seguir sientiéndolo a pesar del tiempo, a pesar de los ya 10 años que me unen a ellos!! ¿Cómo es posible que personas que no conocemos personalmente nos hagan llegar tanta energía, nos hagan sentir tan bien, solo con el hecho de hacer música? Que increíble, ¿no lo creen? ¡Cuánta magia hay en la música!
Porque en estos días me di cuenta que aunque intenté negarlo alguna vez (y ahora me arrepiento) mi amor por algo con lo cual crecí, por algo que marcó mi camino, por algo que me hacia sonreír y hasta mas de una vez me hizo llorar de alegría, ese amor sigue intacto a pesar del tiempo y las diferencias. Porque hoy volví a llorar de emoción, porque hoy volví a llorar por el simple hecho de extrañar, porque hoy volví a recordar cuán feliz fui y porque aún lo soy cada vez que alguno de esos discos suena.
Vuelvo a la pregunta inicial, ¿se puede extrañar tanto? Ahora le agrego, ¿se puede extrañar tanto a personas que ni siquiera conocemos solo porque ellos nos hicieron y nos hacen feliz con un par de acordes? Hoy, después de mucho tiempo, encontré la respuesta: si!! Cuando creí que ya no me importaba me di cuenta que es parte de mi y lo seguirá siendo pese a todo y pese a todos! Quienes me conocen ya deben saber de qué estoy hablando...
Como dijo mi amado Nietzsche: "sin la música la vida sería un error"

lunes, noviembre 27, 2006

Viendo el pasado desde la lejanía del presente


Hace unos días había escrito en mi msn esta frase: “¡Pasado, sos historia!” Eso generó que un amigo (que por cierto es parte de mi pasado) me preguntara a que se debía esa frase y ahí me largue a pensarla un poco más profundamente.
Mi pasado es algo que, como bien dice mi frase, ya es historia ¿pero qué es historia? El diccionario dice: “estudio de los acontecimientos del pasado relativos al hombre y a las sociedades humanas”. Yo agregaría que la historia no solo son hechos ocurridos en el pasado sino que son hechos que determinan el presente y el futuro también. Todo lo que nos pasó en la vida constituye, junto a nuestros caracteres innatos, nuestra forma de vida, nuestra forma de actuar frente a los hechos del presente que en el futuro serán una vez mas parte del pasado. Es decir, que el pasado, por mas lejano que parezca, está presente de alguna forma en cada hecho de nuestra actualidad.
¿Qué cambiaría de mi pasado? Probablemente algunas circunstancias y hechos que el destino puso en mi camino. Sí, sufrí demasiado con algunas decisiones propias, pero ahora que puedo ver el pasado desde la lejanía del presente, y de este modo adquirir una postura un poco mas objetiva, me percato de que al fin de cuentas esos errores me beneficiaron. No me arrepiento de haberme equivocado porque en esos errores está mi experiencia, y se que aunque el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, ahora me será un poco mas fácil no volverme a caer, ahora se qué es lo que no quiero repetir. Aunque siempre van a haber cosas que repitamos una y otra vez, sintiendo que no podemos salir de eso, ¡es que el eterno retorno es inevitable!, pero después de todo la experiencia nos va ¿perfeccionando?

lunes, noviembre 20, 2006

La ilusión de la perfección esférica en el otro


La imagen de hoy es una pintura de Salvador Dalí llamada “Galatea de las Esferas”. Ya la había subido hace un tiempo a mi flog por el mismo motivo que ahora, porque me hace recordar algunas de las cosas sobre las que Lacan me hizo reflexionar.

Que absurda ironía de considerar al hombre como un planeta, como una esfera llena de perfección por donde se la vea. No somos esferas, somos imperfectos y nosotros hablamos, tenemos un lenguaje con el cual comunicarnos y expresarnos porque nosotros tenemos qué decir. No digo entendernos porque no creo en la frase que dice “hablando la gente se entiende”, sabemos que no siempre lo que digo es interpretado como yo quisiera y eso se debe a que las representaciones de cada uno no son las mismas, pero no me voy a extender con esto. Los planetas no hablan porque no tienen tiempo, no tienen nada que decir, pero nosotros sí. Y esa tremenda y magnifica forma de ver al otro como un ser completo, total, a diferencia de mi propio ser... ¡cuanta irrealidad hay en eso! Cada uno de nosotros cree que lo que le pasa al otro siempre es mas diminuto que lo que nos toca vivenciar, que los problemas de los demás son mas sencillos, que al otro todo le sale mas fácil que a mi. Esto se debe a la creencia de que el otro es un ser completo y nosotros estamos llenos de faltas, negando la realidad, es decir, que todos tenemos faltas, que nadie es total. Todos somos seres faltos, incompletos y ni el amor cubre esa falta, solo es un velo que engaña una y otra vez. Tendemos a creer en la “media naranja”, el otro tiene lo que a mi me completa, lo que cubre esa falta. Pero no es tan así, el otro también es un ser faltante por lo cual la completad no existe. ¿Qué decir del amor? Que es una bella ilusión, en la cual nos creemos completos de una vez por todas, donde ahora sí somos omnipotentes. ¡Y la ilusión nos envuelve una vez más! No somos esferas, ¿y eso, a caso, no es grandioso?