
Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que me puse a escribir. Por una razón que desconozco hoy tomé mi cuaderno y una lapicera y éstas palabras comenzaron a fluir. Sin saber muy bien sobre que tema escribir, uno se fue apoderando de mis pensamientos. No por casualidad fue la angustia el que elegí, o tal vez debería decir el que ha logrado dominarme.
¿Qué decir de ella? ¡Hay tanto por explicar! Es aquello que se nos impone y de lo cual muchas veces sentimos que ni siquiera sabemos cual es su causa, su origen. Otras veces logramos distinguir su génesis pero aún así no podemos dominarla y nos encontramos peleando la batalla para salir sanos y salvos de esta lucha interior. La angustia es el único afecto que no engaña, es ese encuentro con lo real.
Hoy estoy sufriendo mi encuentro con lo real. Después de mucho tiempo siento una fuerte angustia, mezclada con un poco de miedo a los cambios, un resto de tristeza sumada a una pizca de desconcierto, y por que no también una buena cantidad de temor. La causa, o en este caso las causas, las dejaré como incógnitas, al menos en este escrito.
Mi queridísimo Lacan sostiene que la angustia es producto de la falta de la falta. Apoyándose en la idea de que deseamos desde una falta, deseamos porque existe algo que falta que nos permite desear aquello que no esta; afirma que la angustia aparece cuando no hay falta, es decir frente a la falta de la falta, mas explícitamente cuando no hay posibilidad de desear. El deseo es el motor, el empuje y sin falta no hay deseo.
Peleándole a la angustia, una vez mas me pongo a desear, afrontando todo el sufrimiento que ello conlleva...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario